Simeón es el hombre justo y piadoso, lleno del Espíritu. SIMEON Y ANA (LUCAS 2:25-38) “Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él.” LUCAS 2:25 “Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido Vivía allí un hombre mayor llamado Simeón. Y ellos son los primeros en reconocerlo y en anunciarlo públicamente. cargados de años y de soledades. Pero la joven pareja envejeció, adentrada en la oscuridad del pecado y de la muerte. Ana tení­a ochenta y cuatro años. Sabiduría y fe son las dos fuentes que forman la estructura de nuestra creencia y acción, de nuestra oración y vida, de nuestra alabanza y amor. Simeón y Ana eran los dos ancianos. Ambos tuvieron sabiduría y fe; ambos pasaron sus vidas adorando a Dios de día y de noche. Y hay una visitación del Espíritu Santo que viene para consolar a la iglesia y para darle su gloria que merece la iglesia, y se necesita gente como Simeón y como Ana que hayan intuido esa visitación inminente del espíritu de Dios y que estén deseosos y preparándose, y que cuando eso venga y se manifieste, puedan discernirlo y celebrarlo y reconocerlo y declararlo y anunciárselo a otros. Oh, Señor, ¿cuánto tendré que esperar? Junto a Abraham hallamos a Sara, junto a Barac a Débora, junto a Moisés a Sípora. Simeón seguía subiendo al Templo sin desanimarse y rezaría. Simeón había estudiado cabalmente las escrituras y esperaba noticias de la llegada del Mesías. Simeón, hoy Así, observamos que los dos sexos, juntos e individualmente, son llamados a glorificar al Dios de Israel. Al contrario, pertenecí­an a Israel que morí­a. Y a Ana, de Aser, junto a Simeón. Por él pasa el eje que separa el mundo de la Ley y el mundo del Espíritu. Su oración estaría llena de un deseo y de una confianza superior a las expectativas humanas. Se podría decir que, tras los pastores y los magos, Simeón y Ana son los primeros discípulos y apóstoles del Mesías. Los ancianos Simeón y Ana llegan al nuevo testamento trayendo consigo toda una historia de soledad -la propia de su pueblo y aun de toda la humanidad-, pero se niega a morir hasta que sus manos toquen lo que su corazón esperó durante tanto tiempo: el consuelo de Israel. No era su mujer, sin embargo. 169. En tercer lugar, notamos la PERSUACION de Simeón Lucas 2:27 dice: “Y movido por el Espíritu, vino al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley” Se necesitaba de guía divina para que coincida, que cuando esté Simeón en el templo, también estén en ese mismo lugar el niño Jesús con su madre María y José, el esposo de María. No pertenecí­an al cí­rculo del cual el Señor escogió sus discí­pulos, ni al grupo del que escogió a Marí­a y Marta. Simeon y Ana. Simeón y Ana son figuras que unen los dos lados de nuestra fe: fuerza espiritual y voz profética. No representaba pues, ni tampoco Simeón, a la nueva generación. Ana trajo esta ofrenda como mujer, después que Simeón lo había hecho como hombre. Entonces habló el Espíritu de Dios a Simeón.

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